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Familias trabajadoras y pobres sufren más la falta de agua

By Eduardo Stanley, Asegurate
November 2015

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La sequía que azota California desde hace cuatro años agravó el problema del agua en zonas rurales del estado. Por ejemplo, en el Valle Central muchas comunidades disponen de agua pero está contaminada y por lo tanto no sirve para beber ni cocinar, lo que obliga a los residentes a comprar agua embotellada.

“Tenemos agua en la casa, pero es poca y muy cara”, dice Rosario González, residente de Cantua Creek —una comunidad agrícola de apenas 700 habitantes no incorporada del condado de Fresno.

Con respecto al agua contaminada, Rosario dice “solo la usamos para bañarnos”.

Ella y su esposo trabajaban como jornaleros agrícolas pero él tuvo un accidente y ella también tiene problemas de salud. Son originarios de México y tienen dos hijos.

“Para cocinar comprábamos agua pero desde hace dos meses el gobierno estatal nos trae agua embotella”, explica Rosario. “A mucha gente le han cortado el servicio de agua porque no pueden pagar”.

La familia González paga $110 por mes de agua que no puede beber. “Siempre pagamos atrasado, ya sabe. Nuestros ingresos son muy modestos”, asegura Rosario.

“La crisis de la calidad del agua en California existe al menos desde hace una década”, dice Susana De Anda, cofundadora y codirectora del Centro Comunitario Por el Agua, con base en Visalia. “Y ahora, la sequía… Los más perjudicados por este problema son la población latina, pobre y rural”.

El Centro Comunitario Por el Agua tiene una oficina en Sacramento que trabaja con legisladores y agencias estatales sobre diferentes aspectos relacionados al problema del agua. El Centro colaboró en la aprobación de la propuesta de ley AN 685, que fue aprobada en 2012 y que establece como un derecho humano el acceso al agua limpia.

De Anda explica el círculo vicioso del proceso actual del agua en zonas rurales. “Cuando se seca una noria, o pozo de agua, se hace otro más profundo. Luego este también se acaba y hay que perforar uno más profundo aún”.

Pero este proceso solo pueden seguirlo quienes tienen dinero para perforar nuevos pozos —cuesta un promedio de $30,000, pero cuanto más profundo, más caro. Además, la demanda es tan alta que la espera para perforar un pozo es de un año.

“Se están perforando demasiados pozos y muy rápido”, dice De Anda. “En el condado de Tulare se otorgaron 1,000 permisos de perforación”.

El uso indiscriminado del agua subterránea tiene un precio: las fuentes se secan y como no se llenan debido a la sequía, la tierra se hunde.

Los agricultores exigen al estado invertir en nueva infraestructura para almacenamiento de agua, pero actualmente no hay agua para almacenar.

“El gobierno hace lo que puede, se han pasado leyes pero la sequía no se puede controlar”, dice De Anda. “En algunas comunidades se distribuye agua potable, también se entregan tanques de 1,500 galones para uso domiciliario y se instalan baños portátiles para que la gente pueda bañarse”.

Para recibir estos servicios, los residentes deben pedirlos. Muchos, explica De Anda, no saben cómo llenar los formularios.

“La gente tiene limitaciones, incluso no tienen información adecuada, no saben que al menos hay recursos que ayudan a aliviar esta situación”, concluye De Anda.

También el proyecto “Water4All” (www.water4all.org/us/) ayuda con distribución de agua potable en comunidades rurales.

Original story: http://asegurate.laopinion.com/familias-trabajadoras-y-pobres-sufren-mas-la-falta-de-agua

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